Neuroeducación

Aquí el video.

En esta entrevista, Ricardo Cervantes, egresado de la universidad de la Salle Bajío y master en dirección de empresas por el instituto internacional de San Telmo, nos regala 5 puntos clave para que podamos insertar la neuroeducación en la vida de nuestros hijos.

La neuroeducación es una rama de la neurociencia que se enfoca en el estudio científico de lo que sucede el cerebro de cada persona; gracias a la neurociencia podemos ver literalmente lo que pasa en nuestro cerebro y a partir de eso tomar ideas y formas de pensar acerca del porqué hacemos lo que hacemos a través un método científico. Todo esto nos lleva a entender cómo nuestro cerebro se conforma y llevarlo a la educación es una gran herramienta para educar a las nuevas generaciones. 

En una estadística que viene a Estados Unidos, diariamente 6 niños cometen suicidio, 342 niños son arrestados por actos violentos y cerca de 2800 niños diario abandonan la escuela.

Estos datos nos demuestran hacia dónde está caminando la educación media. Hoy más que nunca con tantos cambios en el mundo, con tanta tecnología y con tanta conectividad es importante que nosotros como padres seamos los primeros en enterarnos de cómo educar a nuestros niños, ya sea en casa, en la escuela o en cualquier lugar. 

Algunos de los consejos pueden caer en lo académico pero también pueden ayudarle a los papás a que sus hijos tengan mejor rendimiento, otros para que sean mejores niños y en general para que no sufran de estos datos y que no sean parte de la estadística.

  1. La educación es un hábito, no un castigo

Mucha gente pensaría que ellos “jamás pondrían a la educación como un castigo”, pero muchas veces, en las actividades diarias, volvemos a la tarea, a la lectura, al estudio en general como un peso más. 

La educación no debe ser algo tortuoso, no debe ser la razón de que todo padre se pelee con su hijo porque no puede aprenderse la tabla del siete. El estudio no es un obstáculo para llegar a la hora de juego, a la hora del helado. Simplemente es un hábito que debe formarse. Se debe empezar por cambiar la idea de que estudiar es un momento donde se sufre, que es un lugar de donde no hay salida hasta terminar. 

Como padres simplemente hay que respirar y entender que es posible aprender de maneras muy distintas sin necesidad de hacer tortuoso el proceso de aprendizaje. La paciencia es la clave. 

  1. Los errores son parte de la vida

Hay que ayudarles a entender a los niños qué son los errores, porque a los errores se les tiene que llamar por su nombre ya que no son un fracaso, son experiencias de vida. El ser humano necesita equivocarse para aprender; es un proceso didáctico e incluso es parte del aprendizaje en culturas orientales. 

Como padres no vale la pena hacer más grande y más tortuoso los errores, sino motivarlos a aprender de ellos.

Hay niños que sufren ya de sus errores en la escuela, donde la sociedad te va dejando en claro que cometerlos es motivo de burla, de estar mal.

La escuela ya va a ser difícil; tú como papá no lo hagas más. 

  1. El ocio es necesario

El ocio es muy infravalorado. ¿Qué sucede cuando el niño tiene un momento de ocio? Es ese preciso momento el único momento donde un niño puede tomar todo lo que aprendió en su casa, de la escuela, de sus amigos, de todo su entorno y decir ” ¿qué voy a hacer con esto? “. Es una herramienta pedagógica, creativa y social. 

Cuando se dan momentos de ocio (En un ambiente controlado) es cuando el niño puede condensar y realmente ponerse a pensar en lo que le gusta, en lo que no y en cómo quiere divertirse. En la vida cotidiana, muchos niños no pueden ni pensar en lo que hacen; andan de aquí para allá con la escuela, con la tarea, con los viajes en coche, con las clases extracurriculares que simplemente no les da tiempo de pensar y procesar los estímulos. 

Controlar un ambiente para que los niños puedan simplemente ser niños es sumamente importante para su educación y para su formación como personas. 

  1. El acomplejamiento de la felicidad

La noción de la felicidad es un concepto que si bien es difícil de entender para un adulto, resultaría prácticamente imposible entender para un niño. 

No debemos aspirar a que nuestro hijo sea aquello que nosotros soñamos, un doctor, un futbolista o un abogado, pero tampoco debemos acomplejarlos a que sean felices e insistirles que esa es la máxima en la vida ni que así se realizan las personas. 

Lo que debemos buscar es que lleguen a ser suficientemente maduros, en sus propias vidas, para que ellos mismos determinen lo que los haga felices, realizados, exitosos y que, eventualmente, lo hagan. 

  1. Placer no es igual a felicidad

La felicidad es un concepto que, además de muy abstracto, se ha ido corrompiendo. No en cualquier momento puede uno decir “estoy feliz” y designarlo; es un concepto que muchas veces se confunde con un placer material

Es importante entender que la tristeza es necesaria y perfectamente normal en la vida de todo ser humano. Vivir con la expectativa de felicidad de los padres solo trae aún más desdicha, ya que son metas casi imposibles de alcanzar. 

Como padres debemos cultivarnos mucho en inteligencia emocional, dedicarle tanto tiempo como a aquellas materias teóricas y no volvernos unos estorbos con conocimientos, volvernos personas capaces de apoyar a los hijos más allá de lo académico, de generar personas con la capacidad de crear su propio concepto de felicidad y no depender de algo para hacerlo. No se trata de que no quieras felicidad para tu hijo, se trata de que no la compliques, no lo atormentes con eso y que descubran, en sus propios términos, qué es felicidad.

Recursos relevantes de educación emocional: 

Inteligencia Emocional de Daniel Goleman

Neuroeducación en los niños de Lawrence Shapiro

El niño optimista de Martín Seligman