Hay ofrendas que se miran y ofrendas que se recorren. La de Indigo School, colegio de Metepec, fue de las segundas. El pasado 29 de octubre, Skolar.mx fue invitado a su celebración de Día de Muertos y salimos convencidos de haber visto algo distinto: una tradición mexicana convertida en una experiencia de aprendizaje compartida en familia.

Llegamos cuando ya había oscurecido. Entre los árboles del inmenso jardín del colegio colgaban series de luces, había velas a ras del pasto y las estaciones iluminadas se descubrían poco a poco entre las voces de familias, niñas y niños.
La noche no fue un simple detalle. Encendemos una ofrenda para iluminar el camino de quienes vuelven a visitarnos, y recorrer un jardín a oscuras, guiados por la luz, permitía sentir esa idea de una forma que ninguna explicación en el salón logra transmitir.
Lo que vimos esa noche fue el cierre de un proceso. El colegio lo expresa así: su celebración “comenzó mucho antes de esa noche”. Durante semanas, los alumnos investigaron, compartieron ideas y trabajaron en proyectos para comprender mejor nuestras tradiciones. Cada ofrenda, cada representación y cada detalle fueron fruto de su curiosidad y su creatividad.
Esa diferencia importa. Cuando una ofrenda se pone solo porque toca, es una tarea. Cuando antes hay semanas de preguntas, investigación y creación, es un proyecto de aprendizaje.

En Reggio Emilia se dice que el niño aprende de tres maestros: los adultos, sus compañeros y el espacio, que es “el tercer maestro”. Montessori habla del “ambiente preparado”, pensado para que el niño explore con autonomía.
En esta celebración, esa filosofía se notó en tres decisiones:

La mariposa monarca. Una gran mampara enmarcada con cempasúchil explicaba su ciclo de vida: huevo, oruga, crisálida y adulto. Los alumnos partieron de una pregunta: ¿cómo crece y cambia la monarca durante su vida? El tema conecta muy bien con la fecha, porque la monarca llega a México en estos días y en muchas comunidades se cree que las mariposas son las almas de los seres queridos que regresan. Ciencia y tradición en un mismo proyecto, acompañado de una frase bilingüe: “Spirit, fly / Espíritu, vuela”.
Aprender en dos idiomas. La mampara de la monarca estaba en inglés y varios elementos del recorrido combinaban ambos idiomas. Fue una muestra natural de que en Indigo el inglés se usa para investigar y explicar, incluso al hablar de una tradición tan nuestra.
Catrinas y catrines. Una Catrina monumental, con sombrero de flores y vestido largo, presidía una parte del jardín, mientras alumnos caracterizados de catrines daban vida al recorrido.
Arte de los alumnos. Había murales de calaveritas decoradas a mano, hojas de colores colgando de los árboles y esqueletos de cartón.
Personajes que dejaron huella. Una de las instalaciones presentaba una línea del tiempo sobre la vida de Pedro Infante. Recordar a alguien en una ofrenda empieza por conocer su historia.
Teatro de sombras con violín. Siluetas proyectadas en la noche y música en vivo crearon uno de los momentos más especiales de la velada.
La Llorona. Alumnos de varios grados escenificaron esta leyenda de nuestra tradición oral, y para lograrlo niños de distintas edades tuvieron que trabajar juntos.


Lo que más nos impresionó fue que los alumnos no expusieron de memoria. Explicaban lo aprendido a partir de las preguntas del público. Cada pregunta los llevaba a ampliar su respuesta y conectar ideas, así que una misma estación podía dar lugar a conversaciones muy distintas.
Algunas preguntas iban más allá del tema, como “¿Qué sentiste al hacer este proyecto?”. Preguntas así invitan a hablar del proceso: lo que costó, lo que se descubrió y lo que se disfrutó.
Un niño solo puede responder preguntas inesperadas cuando realmente entendió el tema. Además, así fortalece su comunicación oral, su seguridad y su pensamiento crítico. Los papás no solo veían trabajos bonitos: veían a niñas y niños dueños de lo que aprendieron.

El Día de Muertos se vive en familia, y así se vivió en Indigo. Entre elotes, tostadas y bebidas, las familias recorrieron las estaciones, conversaron y compartieron con sus hijos. El colegio agradeció a quienes los acompañaron y “fueron parte de esta experiencia”, porque sin ellos la noche no habría tenido el mismo sentido.

Al elegir colegio solemos fijarnos en lo académico, y es importante. Pero una buena escuela también crea comunidad: espacios donde las familias se conocen, los niños se sienten orgullosos de lo que hacen y padres y maestros comparten experiencias. Esos lazos dan a los alumnos confianza y sentido de pertenencia durante años.
En una sola noche, Indigo School reunió tradición, ciencia, arte, idiomas y convivencia. Lo hizo de manera magnífica.
Si estás buscando colegio en Metepec o en el Valle de Toluca, eventos como este revelan mucho:
Encuentra más ideas en nuestro artículo con las preguntas que debes hacer antes de inscribir a tu hijo.

Indigo School es un colegio en Metepec con maternal, preescolar, primaria y secundaria. Su modelo, inspirado en Reggio Emilia y Montessori, considera al espacio como el tercer maestro y parte de la curiosidad de los niños. Su lema lo resume: Where Learning Connects.
Conoce más sobre su propuesta AQUÍ.
Una tradición que se aprende viviéndola
En Indigo School los alumnos no solo aprendieron sobre el Día de Muertos: lo investigaron, lo crearon, lo explicaron y lo compartieron con sus familias en una noche que difícilmente olvidarán.
Desde Skolar.mx, gracias por invitarnos a ser parte de ella.
Hay ofrendas que se miran y ofrendas que se recorren. La de Indigo School, colegio de Metepec, fue de las segundas. El pasado 29 de octubre, Skolar.mx fue invitado a su celebración de Día de Muertos y salimos convencidos de haber visto algo distinto: una tradición mexicana convertida en una experiencia de aprendizaje compartida en familia.

Llegamos cuando ya había oscurecido. Entre los árboles del inmenso jardín del colegio colgaban series de luces, había velas a ras del pasto y las estaciones iluminadas se descubrían poco a poco entre las voces de familias, niñas y niños.
La noche no fue un simple detalle. Encendemos una ofrenda para iluminar el camino de quienes vuelven a visitarnos, y recorrer un jardín a oscuras, guiados por la luz, permitía sentir esa idea de una forma que ninguna explicación en el salón logra transmitir.
Lo que vimos esa noche fue el cierre de un proceso. El colegio lo expresa así: su celebración “comenzó mucho antes de esa noche”. Durante semanas, los alumnos investigaron, compartieron ideas y trabajaron en proyectos para comprender mejor nuestras tradiciones. Cada ofrenda, cada representación y cada detalle fueron fruto de su curiosidad y su creatividad.
Esa diferencia importa. Cuando una ofrenda se pone solo porque toca, es una tarea. Cuando antes hay semanas de preguntas, investigación y creación, es un proyecto de aprendizaje.

En Reggio Emilia se dice que el niño aprende de tres maestros: los adultos, sus compañeros y el espacio, que es “el tercer maestro”. Montessori habla del “ambiente preparado”, pensado para que el niño explore con autonomía.
En esta celebración, esa filosofía se notó en tres decisiones:

La mariposa monarca. Una gran mampara enmarcada con cempasúchil explicaba su ciclo de vida: huevo, oruga, crisálida y adulto. Los alumnos partieron de una pregunta: ¿cómo crece y cambia la monarca durante su vida? El tema conecta muy bien con la fecha, porque la monarca llega a México en estos días y en muchas comunidades se cree que las mariposas son las almas de los seres queridos que regresan. Ciencia y tradición en un mismo proyecto, acompañado de una frase bilingüe: “Spirit, fly / Espíritu, vuela”.
Aprender en dos idiomas. La mampara de la monarca estaba en inglés y varios elementos del recorrido combinaban ambos idiomas. Fue una muestra natural de que en Indigo el inglés se usa para investigar y explicar, incluso al hablar de una tradición tan nuestra.
Catrinas y catrines. Una Catrina monumental, con sombrero de flores y vestido largo, presidía una parte del jardín, mientras alumnos caracterizados de catrines daban vida al recorrido.
Arte de los alumnos. Había murales de calaveritas decoradas a mano, hojas de colores colgando de los árboles y esqueletos de cartón.
Personajes que dejaron huella. Una de las instalaciones presentaba una línea del tiempo sobre la vida de Pedro Infante. Recordar a alguien en una ofrenda empieza por conocer su historia.
Teatro de sombras con violín. Siluetas proyectadas en la noche y música en vivo crearon uno de los momentos más especiales de la velada.
La Llorona. Alumnos de varios grados escenificaron esta leyenda de nuestra tradición oral, y para lograrlo niños de distintas edades tuvieron que trabajar juntos.


Lo que más nos impresionó fue que los alumnos no expusieron de memoria. Explicaban lo aprendido a partir de las preguntas del público. Cada pregunta los llevaba a ampliar su respuesta y conectar ideas, así que una misma estación podía dar lugar a conversaciones muy distintas.
Algunas preguntas iban más allá del tema, como “¿Qué sentiste al hacer este proyecto?”. Preguntas así invitan a hablar del proceso: lo que costó, lo que se descubrió y lo que se disfrutó.
Un niño solo puede responder preguntas inesperadas cuando realmente entendió el tema. Además, así fortalece su comunicación oral, su seguridad y su pensamiento crítico. Los papás no solo veían trabajos bonitos: veían a niñas y niños dueños de lo que aprendieron.

El Día de Muertos se vive en familia, y así se vivió en Indigo. Entre elotes, tostadas y bebidas, las familias recorrieron las estaciones, conversaron y compartieron con sus hijos. El colegio agradeció a quienes los acompañaron y “fueron parte de esta experiencia”, porque sin ellos la noche no habría tenido el mismo sentido.

Al elegir colegio solemos fijarnos en lo académico, y es importante. Pero una buena escuela también crea comunidad: espacios donde las familias se conocen, los niños se sienten orgullosos de lo que hacen y padres y maestros comparten experiencias. Esos lazos dan a los alumnos confianza y sentido de pertenencia durante años.
En una sola noche, Indigo School reunió tradición, ciencia, arte, idiomas y convivencia. Lo hizo de manera magnífica.
Si estás buscando colegio en Metepec o en el Valle de Toluca, eventos como este revelan mucho:
Encuentra más ideas en nuestro artículo con las preguntas que debes hacer antes de inscribir a tu hijo.

Indigo School es un colegio en Metepec con maternal, preescolar, primaria y secundaria. Su modelo, inspirado en Reggio Emilia y Montessori, considera al espacio como el tercer maestro y parte de la curiosidad de los niños. Su lema lo resume: Where Learning Connects.
Conoce más sobre su propuesta AQUÍ.
Una tradición que se aprende viviéndola
En Indigo School los alumnos no solo aprendieron sobre el Día de Muertos: lo investigaron, lo crearon, lo explicaron y lo compartieron con sus familias en una noche que difícilmente olvidarán.
Desde Skolar.mx, gracias por invitarnos a ser parte de ella.